sábado, 2 de abril de 2011

Eduardo García Delgado

En el año 53 de la Revolución y 50 de la Victoria de Girón, iniciamos la presentación de las síntesis biográfica de los 149 combatientes caídos en esas acciones.


Eduardo García Delgado:

CINCO LETRAS,
UN NOMBRE: FIDEL
El más poderoso mensaje a un pueblo que lucha por no perder su libertad
¡Eduardo! ¿Estás herido?...
Trataron de recoger al miliciano cuya sangre le teñía la ropa,
pero él respondió:
Atiendan a los demos, es tiempo perdido, vengan luego y verán lo que haré, quedará como un ejemplo para todos...
Cuando regresaron lo encontraron sin vida, estaba muerto. Pero,
allí, en la pared, vieron asombrados, emocionados, con la sangre
aún fresca y húmeda, cinco letras, un nombre... FIDEL. (''Los buitres habían aparecido en el cielo azul, vomitando la i muerte. En aquel claro día de abril. En la zona en que está ;A enclavada la FAR, los milicianos iban y venían activos. Aquéllos, I de pie con su fusil. La ciudad comenzaba a moverse. Querían (amedrentarla antes de llegar.







Eduardo subió a buscar el arma para responder a los bandidos.
"No suba profe", gritó un compañero, ¡venga!...
Pero él subió. Un "rocket" lo alcanzó hiriéndole en la parte
posterior del cuello y el brazo.
Antes de morir, Eduardo grabó, con su sangre generosa, aquel mensaje...
Era el mensaje postrero de un joven patriota, escrito con la sangre que manaba de su herida. Era un mensaje al corazón del pueblo, un grito de un corazón que apenas ya latía... Un men¬saje que parecía decir con toda fuerza: ¡Continuad adelante con Fidel, es necesario que la Patria viva! Y la Patria sigue viviendo.
A Eduardo escribió Guillen, recogiendo la emoción del pueblo: "LA SANGRE NUMEROSA"
Cuando con sangre escribe
Fidel este soldado que por la Patria muere, no digáis miserere:
esa sangre es el símbolo de la Patria que vive.
Cuando su voz en pena,
lengua para expresarse parece que no halla,
no digáis que se calla,
pues en la lengua de la Patria resuena. Cuando su cuerpo baja exánime en la tierra que lo cubre ambiciosa,
no digáis que reposa,
pues la Patria en pie resplandece y trabaja. Ya nadie habrá que pueda parar su corazón unido y repartido.
No digáis que se ha ido:
su sangre numerosa junto a la Patria queda.
NICOLÁS GUILLEN
El nombre de ^Eduardo García Delgado es conocido por millones de seres porque su mensaje ha surcado los mares, llegado a los pueblos de otros continentes. Aquella pared sagrada perdurará por siempre, porque ha sido cuidada; porque Fidel, Dorticós, el pueblo cubano la conservarán por siempre.
¿Quién era Eduardo García Delgado?
A través de crónicas diariamente, iremos presentando a todos los que con su vida defendieron la Patria en Playa Girón. Los que cayeron víctimas del ataque a la FAR, pues ellos están íntimamente ligados a aquéllos.
El ataque a la FAR fue el inicio de la batalla heroica que derrotó al imperialismo en nuestro suelo. Sin embargo, iniciamos la sección de Héroes Eternos de la Patria con Eduardo García Del¬gado, cuyo mensaje está presente como nunca junto a la bandera gloriosa que hemos jurado defender.
Nació Eduardo García Delgado en la ciudad de Cienfuegos, el día 13 de octubre de 1935. Estudió en el Instituto de Cienfuegos hasta comenzar el segundo año de bachillerato. Siendo muy jovencito murió la mamá, María Delgado.
Ángel García, papá del héroe, tenía un barco en el que daba viajes de Cienfuegos a Trinidad, a un lugar que le llaman "El Inglés". Así se ganaba la vida ayudado por algunos de sus hijos.
Eduardo nunca participó de aquella labor. Al morir el padre
quedó al abrigo de una hermana mayor, Cándida, yendo luego
a vivir con su hermano Osiris. Más tarde vinieron para La
Habana debido a la apretada situación económica en que se
desenvolvían. Eduardo comenzó a trabajar en una oficina en
la calle de Chacón, percibiendo un sueldo de 45 pesos que luego
fue aumentado a 75. Era muy estudioso y por las noches asistía
a clase de Taquigrafía y Mecanografía, las que terminó con
elevada calificación. ' ,
Eduardo estaba muy contento cuando triunfó la Revolución —refirieron Qsiris e Isidro García—; no faltaba a ningún acto revolucionario. En Cienfuegos se había ligado a los grupos estudiantiles y participado en una huelga con¬tra la tiranía\ Siempre refería con orgullo el haber sido alumno de la doctora M. Caridad Molina, esposa del com¬pañero Osvaldo Dorticós, a la que profesaba respeto y ca¬riño, así como al doctor Osvaldo Dorticós, a quien había tenido la oportunidad de saludar aquí en La Habana.
Gran admiración y cariño sentía el joven revolucionario por el Comandante Fidel Castro. La primera vez que lo vio de cerca fue en el elevador del INRA°. Ese día, al regresar al hogar, no Jtenía otro tema.Tan pronto se organizaron las Milicias pidió su ingreso, pasando 'entrenamiento en dos batallones que tenían su base en las már-^genes del río Almendares.
Los milicianos fueron reunidos en la Universidad a fin de ser (organizados por zonas, Fidel se presentó allí y habló largo rato 'con ellos. Les hizo un llamado expresándoles que necesitaba
jóvenes que ganaran menos de 120 pesos. Eduardo García Delgado fue de los primeros en levantar la mano y dar un paso al frente. Luego pasó a la FAR, donde a más de artillero, era instructor revolucionario. Por lo que sus compañeros le decían "el profe".

, El día del fuego de "El Encanto", un día antes del ataque a la FAR, llegó enfermo. Candita, su cuñada, le insistió para que fuera al médico, pero Eduardo respondió: Ya iré, la Patria nos necesita... Esos bandidos parece que quieren venir...
Llegué de Isla de Pinos aquel día 15 de abril. Inmediata¬mente me fui a la FAR —relató Osiris—; le pregunté a un compañero por mi hermano y respondió que no lo conocía. Aquello me inquietó; era evidente que no quería decirme la verdad aunque me ordenó esperar cinco minutos. Vinie¬ron dos compañeros y me invitaron a pas^r. Yo estaba en ropa de civil, un miliciano me dio el alto y el teniente Socorro le dijo: ¿No lo conoces?, es hermano de Eduardo García.
Ya no me quedaban dudas. Sé que me va a decir que él murió, —inquirí— pero deseo conocer los detalles para in¬fórmale a mis hermanos.
"Ven para acá —me dijo— tu hermano es uno de los hom* bres más valientes y patriotas que he conocido. No sabes cuánto nos ha emocionado su acción... no eres capaz de imaginarte cuánta emoción vimos reflejada en la cara de Fidel cuando llegó aquí y vio aquello" ... Luego, comprendí sus palabras: vi lo que mi hermano había escrito con su sangre.
Eduardo era un muchacho alegre, dicharachero, cariñoso, y sobre todo, muy revolucionario. A las compañeras les decía: Si posa algo y tenemos que morir, gritemos ¡Fidel! A una amiga, Caridad Llerandi, le escribió una carta pocos días antes de morir, de la cual copiamos estos párrafos:
Veo lo que me dices en tu carta que asististe a una asam¬blea en pro de la juventud de América Latina en la cual te enfermaste, a causa de un aguacero que te cayó encima, pues cuando uno está en un acto revolucionario y se moja o coge sol, a uno no le importa, lo que pueda suceder después, lo que le interesa más que nada es dar el respaldo a la Re¬volución que es con la que uno debe estar, ahora y después, para que vean aquellos que no quieren darse cuenta, que aquí se luchará, que éste es un pueblo que está desde ahora dispuesto a morir; porque se está con la patria o contra la patria. Yo celebro tu resistencia pues veo que tienes la misma que tengo yo, que asi caigan railes de punta, me encuentro en los actos que sean, pues si mi presencia vale de algo, para que el mundo comprenda nuestra Revolución, siempre estaré haciendo acto de presencia en todos los actos, en respaldo de esta bella y digna Revolución de Fidel Cas¬tro, glorioso cubano al cual queremos todos los cubanos y cubanas.
Te diré que anoche tuve en las milicias, mi primera guardia. Créente que me sentía muy orgulloso. Me pusieron en esa posta, nada menos que a cuidar todo el material inflamable que había . . .
Me sentía con gran responsabilidad, la cual asumí como todo buen revolucionario, o mejor dicho como tú crees que yo soy. Por esta Revolución doy mi vida si es preciso . . .
Eduardo llevaba un sencillo diario desde su llegada a la FAR, y en él narra todas sus actividades. En cierta ocasión pidió irse, considerando que algunos problemas habían sido tratados injus¬tamente. Escribió en el diario:
Cuando el compañero Rodríguez a quien pedí permiso para
irme me habló . . . me dijo:
Un hombre de su comportamiento y su expediente, es in-
concebible que pida la baja y no sepa soportar las irregula-
ridades de algunos compañeros.
Por lo que contesté: Posición anterior y retiro lo dicho . . .
permiso para retirarme . . .
Refiriéndose a la conmemoración de la muerte de los estudiantes el 27 de noviembre0, escribió:
Este día se conmemora un aniversario más de la muerte de los estudiantes del 71. Inocentes jóvenes, muertos por las
manos de los mercenarios de aquella época, españoles sin alma, igual que los esbirros* que en Cuba emplearon la maldad con muchos jóvenes cubanos.
En este día por la noche nuestro máximo líder en la Uni¬versidad, hizo un recuento del 71, expresando palabras de hondo sentido de recordación ... que nunca se borran de nuestras mentes.
Eramos, con él 9 hermanos, concluyeron los milicianos Osiris e Isidro García. Todos continuamos fielmente en las filas de la Revolución y, como él, la defenderemos con nuestras vidas. Jamás traicionaremos sus ideales


198 líneas.

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